https://elcorralillodelosveteranos.blogspot.com/

«Porque los sucesores en mi casa tengan memoria y se acuerden que assi como las dos cosas principales conque se adquiere la nobleza y se conserva son las armas y las letras» [Testamento del Condestable de Castilla]

Apuntes sobre una controversia… La última derrota del navío Glorioso (2020)

 

El Glorioso se enfrenta a un barco inglés frente a las costas de Finisterre, Pintura de Augusto Ferrer Dalmau  que ha servido de portada al libro "El Glorioso" de Agustín Pacheco Fernández.

https://gallandbooks.com/libros-ii/871-el-glorioso.html

Apuntes sobre una controversia…

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La última derrota del Glorioso

«Dicen en la Armada que al comandante de El Glorioso no le gustaría ser recordado así. Pero yo lo dudo»

ABC. Actualizado:15/10/2020

Jesús García Calero

https://www.abc.es/cultura/arte/abci-jesus-garcia-calero-ultima-derrota-glorioso-202010150036_noticia.html

 

Cualquier amante de la historia de España tendrá el corazón partío. La reapertura del Museo Naval de Madrid es una noticia largamente esperada, después de dos años de reformas que han permitido una restauración y reordenación de sus colecciones. Se moderniza el discurso, o el relato, como dicen los gaznápiros. Tristemente, como en ocasiones ocurre durante las operaciones militares, se han producido daños colaterales. En este caso, se ha descolgado un cuadro importante: «El último combate del Glorioso», obra clave de Augusto Ferrer-Dalmau, que fue adquirida por el Museo Naval en diciembre de 2014 y cuya presentación fue presidida ni más ni menos que por el Rey Felipe VI. El pintor nada sabía de la ausencia de su cuadro en el renovado museo y recibió la noticia leyendo en ABC la crónica del pasado martes. Los responsables han tratado de justificar esa ausencia. Han explicado que, en su opinión, es hora de más Lepanto y menos Trafalgar, que el museo busca un equilibrio y debe resaltar las victorias en detrimento de hechos menos gloriosos del pasado, un regodeo en el que los españoles somos consabidos virtuosos. Pero las explicaciones parecen insuficientes para hurtar a la visita el cuadro más fotografiado de las salas, y uno de los más populares del Museo Naval. Además, es más que discutible que retrate una derrota.


¿Lo fue realmente? En el verano de 1747, el Glorioso partió de La Habana con cuatro millones de pesos lo cual convertía su captura en un sueño plateado. Que se lo digan a los ingleses. Durante su travesía tuvo que repeler tres combates con barcos británicos en una inferioridad de fuego tan flagrante que sobrevivir a uno solo de ellos parecería un milagro. Cerca de las Azores se enfrentó durante dos noches completas a tres barcos que le doblaban en potencia de artillería. Disparó mil cañonazos. Hundió a la fragata y ahuyentó a un dañado navío. La cosa no había hecho más que empezar. En su camino a Finisterre le vinieron otros tres y los despachó en tres horas después de hacer una maniobra increíble cediendo el barlovento para tender una trampa mortal al enemigo, que se retiró con el rabo entre las piernas. El Glorioso siguió, sin bauprés y bastante dañado, pero sin detenerse hasta entregar la Hacienda y cumplir su misión. Entonces partió hacia Cádiz para ser reparado, algo disminuido de tripulación y corto de pólvora. Pero con los... valores intactos. En el Cabo de San Vicente, cuatro corsarios se lanzaron a por él. Y aún aguantó dos días y una noche devolviendo fuego hasta que se gastó la pólvora. Ese es el momento que recoge el cuadro. Una Numancia del mar, un valor indómito, un sentido del deber intachable. No una derrota del capitán Pedro Mesía de la Cerda.

Dicen en la Armada que al comandante del Glorioso no le gustaría ser recordado así. Pero yo lo dudo. Lo que no le gustaría, a buen seguro, es que su porfía, completa, acabara en la polémica y en la derrota que ha llevado el cuadro a un despacho de un cargo ministerial de Defensa. Esperemos que rectifiquen y encuentren un lugar de cara al público para tanta dignidad tan hermosamente pintada, una marina con cuatro barcos y un solo viento. Humo de pólvora e historia cierta. Y el pabellón español aún izado, por cierto (y una bandera inglesa en el agua).

Para salir de dudas, yo encargaría una encuesta.

Lo echaremos de menos.

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Los ingleses lo respetaron más

Arturo Pérez-Reverte

PATENTE DE CORSO

https://www.xlsemanal.com/firmas/20201031/los-ingleses-lo-respetaron-mas-arturo-perez-reverte.html

Hay torpezas naturales e inevitables, y hay torpezas deliberadas y hasta peligrosas. La decisión del director de la fundación del Museo Naval de Madrid de retirar el cuadro de Ferrer-Dalmau El último combate del Glorioso de las salas de exposición me parece de las segundas, agravada por el hecho de que el responsable sea un almirante de la Armada española. La reapertura tras la reforma del formidable museo, uno de los más importantes de Europa, es una noticia espléndida, empañada por la polémica tras dejar fuera, precisamente, el cuadro más admirado y fotografiado por los visitantes desde que fue adquirido en 2014 y presentado de forma solemne en un acto presidido por el rey Felipe VI.

La historia del navío Glorioso merece el soberbio lienzo que nuestro más internacional pintor de historia militar le dedicó en su momento. Viniendo en 1747 de La Habana, libró en solitario tres encuentros con doce barcos ingleses de los que hizo volar uno y hundió otro; y en el último, ya hecho polvo y sin munición, se vio obligado a arriar bandera tras un postrer combate que duró tres días y una noche, hazaña que los admirados cronistas británicos, poco inclinados a elogiar a españoles, saludaron con mucho respeto, calificándola de honrosa y extraordinaria. Con trágica belleza, el magnífico cuadro de Ferrer-Dalmau representa al navío en los momentos finales, desarbolado pero aún arriba la bandera, con los hombres peleando como fieras en la cubierta astillada y llena de humo, rodeado por barcos ingleses de los que –genial detalle del pintor– uno arrastra, indicando quién es el vencedor moral del combate, su propia bandera caída sobre el agua. 

Sin embargo, quienes visiten el Museo Naval de Madrid no verán allí tan espectacular cuadro sobre la gesta del Glorioso, sino otro de menos calidad, el de Cortellini, que está lejos de representar lo que fue aquello. Interrogado sobre una decisión que suscitó protestas y recriminaciones, el director de la fundación que preside el museo se justificó con argumentos chocantes en boca de un marino de guerra español. El cuadro, según él, no encaja en la nueva orientación del lugar, que pretende «mostrar nuestra historia sin complejos y de forma equilibrada». Un equilibrio que –sugirió sin ruborizarse– se logra ocultando derrotas y mostrando victorias. De modo que, en este nuevo planteamiento positivo, el cuadro de Ferrer-Dalmau resulta inadecuado porque, siempre según la almirantesca opinión, «al comandante del Glorioso no le habría gustado verse recordado así».

 Ésa es la frase que retengo del asunto: que al comandante del Glorioso no le habría gustado que lo recordaran así. Al escucharla pensé en las victorias y derrotas que jalonan la impresionante historia de España, y en las lecciones que de ellas pueden extraerse: las que nos redimen de tantos siglos de malos gobiernos; la continua lección moral dada por el pobre españolito de a pie, la fiel infantería, la fiel marinería, los paisanos de cachicuerna y trabuco, que allí donde la incompetencia de sus gobernantes los puso en el tajo del carnicero, indefensos ante enemigos poderosos, supieron con tenacidad y coraje, no ya por la patria –concepto a veces manipulado y difuso– sino por dignidad, deber, orgullo o desesperación, compensar con grandeza la miseria que tantas banderas tapaban. Según lo que apunta ese almirante tan equilibrado y libre de complejos, tampoco a los últimos soldados españoles de Rocroi les habría gustado verse recordados cuando a pie firme esperaban la carga final enemiga, ni a los manolos del Dos de Mayo ser inmortalizados por Goya. Tampoco les habría gustado verse pintados en su última hora a los héroes de tantas derrotas que, fruto de la incompetencia de sus gobernantes, encajaron solos y sin esperanza, canturreando una jota mientras empalmaban la navaja en Zaragoza, cargando en Annual con los últimos de Alcántara o doblando el bajo del Diamante bajo el fuego de los acorazados yanquis. Que vaya ahora el almirante de turno a preguntarle a Churruca cómo le gustaría verse recordado mientras se desangraba en Trafalgar, a los últimos de Filipinas cuando al fin se rindieron en Baler, a los marinos muertos en Cavite y Santiago de Cuba, a los pobres soldaditos del Barranco del Lobo y Monte Arruit, a los requetés de Codo y Villalba de los Arcos, a los republicanos caídos en el Ebro, a los paracaidistas masacrados en Ifni, a los legionarios muertos en Edchera… Que, al menos, los museos otorguen el consuelo de saber que a nadie en la historia lo derrotaron nunca como a un español: la certeza de que ese heroísmo, ese orgullo violento, esa dignidad desesperada y peligrosa, es lo único que tuvimos para compensar tanta estupidez histórica, tanta desmemoria suicida, tanto político irresponsable, tanto almirante mediocre y tanta infamia.

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Carta-Respuesta del Almirante Director del IHCN

Instituto de Historia y Cultura Naval                           Madrid, 19 de octubre de 2020
          Almirante-Director

 

Querido amigo:

Como habrás sabido, el día 16 hemos reabierto el Museo Naval con un nuevo discurso sobre el que se ha producido cierto debate en las redes sociales. Varios medios de comunicación se han hecho eco de las críticas del escritor Pérez Reverte —él mismo uno de nuestros más admirados amigos— por no haber seleccionado para la exposición permanente el espléndido cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau que representa el último combate del navío «Glorioso». Sobre esas críticas, desde luego legítimas, me gustaría haceros llegar nuestra propia perspectiva.

El nuevo discurso histórico del Museo Naval trata de ser equilibrado, frente a la perspectiva anglosajona que, deudora de su propia propaganda de guerra, maximizaba nuestras derrotas y olvidaba nuestras victorias. Trata también de evitar los complejos que, en el pasado, llevaron a muchos historiadores españoles a buscar excusas para justificar nuestros fracasos; y, en el presente, a pedir perdón por los éxitos de quienes escribieron, con el pulso propio de las épocas que les tocó vivir, la historia de la Armada, de España y de la humanidad.

El propio Museo Naval no ha sido ajeno a estos complejos. Creado en 1843, cuando todavía dolían las heridas de las décadas anteriores, es justo que pusiera el acento en el heroísmo de los marinos que habían atenuado las derrotas con su dignidad. Quizá esa urgencia ayude a explicar que, a pesar de haber contado con la colaboración de excelentes pintores navales, el Museo Naval no disponga de obras de arte para contar, en la Edad Media, la hazaña de Bonifaz en el Guadalquivir; fas repetidas victorias de Roger de Lauria al servicio de la Corona de Aragón; las dos victorias de la Rochela, contra las marinas inglesa y hanseática, en la Guerra de los Cien Años; las de Sánchez de Tovar frente a las escuadras portuguesas o en las costas de Inglaterra; las de la Corona de Aragón contra Génova o el naciente imperio otomano; y las repetidas victorias sobre escuadras musulmanas que dieron el dominio del mar al reino de Castilla en la Guerra del Estrecho.

Sorprende constatar que, a pesar de tantas victorias, muchas de ellas decisivas en nuestra historia, el Museo solo dispone de un óleo de ese largo período en el que se gestaron España y su Armada; un óleo que, además, representa una derrota. El autor, Antonio Brugada, un artista de prestigio, prefirió pintar la heroica muerte del almirante castellano Alonso Jofre Tenorio luchando contra los benimerines.

En los primeros siglos de la Edad Moderna, si se exceptúa el gran cuadro anónimo que celebra la batalla de Lepanto, tampoco podemos mostrar los éxitos de la Armada a través de los pinceles de artistas de valía. Nuestra mayor victoria naval en el Atlántico, la de Alvaro de Bazán en las Azores, no ha merecido el interés de los pintores. Disponemos de numerosos cuadros y láminas para contar el fracaso de la Gran Armada, pero ninguna obra ilustra la Contra-Armada. Nada recuerda en nuestro Museo a héroes como Menéndez de Avilés o Diego Brochero. No tenemos cuadros que celebren las victorias de Luis Fajardo o Fadrique de Toledo contra los holandeses, pero sí de la victoria de Jacob van Heemskerk en Gibraltar, inmortalizada, como la decisiva batalla de Las Dunas, por pinceles flamencos.

Quizá la mayor gesta de la Armada a lo largo de los siglos haya sido la continuada defensa de la carrera de Indias. Sin embargo, la única pieza que la conmemora en el Museo nos cuenta la destrucción de una flota en la ría de Vigo. Todos sabéis, además, la profusión de excelentes cuadros que tenemos de las derrotas de San Vicente y Trafalgar. Ninguno, sin embargo, recuerda los convoyes capturados por Luis de Córdova que tanto contribuyeron a la Independencia americana, y solo recientemente se ha dado valor a la figura de Blas de Lezo o la defensa de Cartagena de Indias. Pero no quiero ser exhaustivo ni dar la impresión de que la Armada se siente agraviada. Nada más lejos de la realidad.

Lo que sí pretendemos es rectificar una política cuyo efecto, no deseado por nadie, es que hoy muchos españoles solo recuerden de la Armada su dignidad en la derrota.

La decisión de no incluir en la exposición permanente el excelente cuadro de Ferrer­Dalmau se enmarca en esta nueva política, que nos lleva a preferir presentar al público la gesta del «Glorioso» pintada por Cortellini cuando se abría paso frente a los buques ingleses, en lugar del momento de su derrota final frente a fuerzas muy superiores. Creemos, además, que así se rinde un mejor homenaje a una dotación que, en la victoria y en la derrota, supo cumplir con su deber.

Debo insistir en que la decisión en absoluto obedece a un juicio artístico sobre el mérito de las obras. Aunque creemos que el cuadro de Ferrer-Dalmau no ayuda a compensar un discurso histórico que ya acumula demasiadas derrotas, sus dimensiones y espectacularidad lo hacen perfecto para realzar por sí solo algunas de las actividades culturales de la Armada. Queremos exhibirlo unas semanas en Sevilla, durante la conmemoración del octavo centenario de la Torre del Oro, y presentarlo luego en la exposición permanente del Museo de San Fernando. De allí precisamente hemos traído el cuadro de «Mi bandera», también de Ferrer­Dalmau, obra ésta muy emotiva para la Infantería de Marina, que estaba insuficientemente representada en el discurso anterior del Museo Naval.

Me complace deciros que el propio autor, de quien estamos orgullosos de presentar dos cuadros en la exposición y cuyo trabajo admiramos, nos ha trasladado que entiende el nuevo discurso. Contamos con su apoyo, y desde luego con el de la Asociación de Amigos del Museo Naval, para ir poco a poco remediando las carencias artísticas que hacen difícil que demos a conocer la verdadera historia de la Armada. Contamos también con vosotros para ayudarnos a explicar esta política -cuyos matices no es posible reflejar en los ácidos debates de las redes sociales y a los que no siempre se ha hecho justicia en los medios de comunicación- en los ámbitos en los que cada uno podáis hacerlo. Contamos, por último, con vosotros para que animéis a vuestros conocidos a visitar el Museo, en el que creo sinceramente que el nuevo director, vicealmirante Marcial Gamboa, y toda su gente han hecho un excelente trabajo

Con mi agradecimiento por el apoyo de la Asociación, te envío un fuerte abrazo

Juan Rodríguez Garat

Almirante-Director del instituto de Historia y Cultura Naval


Nota: las palabras  en cursiva  están manuscritas en el original

https://militaresescritores.es/archivo/sobre-la-sustitucion-del-cuadro-el-ultimo-combate-del-glorioso-en-el-museo-naval/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=sobre-la-sustitucion-del-cuadro-el-ultimo-combate-del-glorioso-en-el-museo-naval

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El orgullo herido del almirante

El escritor recapitula sobre la polémica por el destino del cuadro «El último combate del Glorioso», de Augusto Ferrer-Dalmau

DIARIO ABC. Actualizado:14/11/2020 14:05h

https://www.abc.es/cultura/abci-arturo-perez-reverte-orgullo-herido-almirante-202011131733_noticia.html


Al almirante en la reserva don Juan Rodríguez Garat no le gustan las derrotas, y tal vez por eso le cuesta admitir que su decisión de retirar El último combate del Glorioso del Museo Naval de Madrid fue una torpeza y una falta de consideración, no sólo hacia la obra y el autor, Augusto Ferrer-Dalmau, sino también hacia la Armada Española, su historia y quienes la respetan, o respetamos. Desde que a principios de noviembre presentara en público la remodelación de uno de los más importantes museos navales de Europa, y después de que la sociedad civil (a la que pertenecen tanto el museo como la opinión pública y la opinión particular de quien esto firma), le discutiese ciertos criterios sobre lo que debe y no debe mostrar un museo español, el almirante sigue empeñado en recordarnos que está en la reserva y tiene poco que hacer, pues agobia a los medios de comunicación con declaraciones, cartas (lleva tres o cuatro hasta ahora) y llamadas telefónicas pidiendo atención para su caso.

Todo eso ha retorcido el asunto de forma que, con cada intervención pública, el almirante Garat se pega a sí mismo, usando términos navales, una andanada en alguna parte: en un pie, en el otro, en una rodilla o algo más arriba. Hay que entenderlo: acostumbrado por su larga y honrosa carrera profesional a dar órdenes desde un puente de mando o un despacho, Garat cree que basta con ser almirante para que, aunque la orden sea un error o sea discutible, suenen taconazos y los subalternos callen y se pongan firmes. Pero se equivoca. La sociedad civil (a la que él sirve con su uniforme) tiene perfecto derecho, al menos en democracia, a manifestarse en desacuerdo e incluso criticar a sus almirantes cuando las decisiones de éstos le afectan o le desagradan. Y a mí y a muchísimos otros, que somos parte de esa sociedad civil, la retirada del cuadro del museo nos afecta y desagrada. Comprendo y disculpo que ahora, sin mando efectivo y sin la satisfacción diaria de hacer su voluntad a toque de chifle, el almirante no acabe de acostumbrarse a que se le amotinen a bordo. Pero fatiga demasiado que emplee su abundante tiempo libre en bombardear por teléfono a periodistas y escribir cartas de justificación con la que cada vez enreda más sus propios errores.

El Glorioso es rodeado por los británicos y castigado por el navío Russel y dos fragatas. Pintura de Augusto Ferrer Dalmau

Uno de tales errores es afirmar que soy responsable de la polémica, porque la retirada del cuadro de mi amigo Ferrer-Dalmau me ha causado «una pataleta». Otra, sugerir que con mi crítica ataco al Museo Naval y a la Armada, y no a su propia torpeza. Y otro error (temo que sólo sea el penúltimo) ha sido denunciar «la falsa acusación que un colaborador de Pérez-Reverte ha publicado en el Times», haciéndome el extraño honor de calificar de colaborador mío nada menos que al corresponsal del diario The Times en España. Y como parece que no hay nadie situado jerárquicamente por encima del almirante Garat capaz de hacerle cerrar la boca, me veo en la obligación de intentar cerrársela yo. Con hechos, naturalmente. También yo sé escribir cartas, y no me impresionan los galones más o menos gruesos en la bocamanga de nadie.

Los hechos, ordenados cronológicamente, son éstos:

1.    Augusto Ferrer-Dalmau es el más famoso autor español de pintura histórica. Su obra tiene fama internacional y hay largas listas de espera para conseguirla. Uno de sus cuadros figura en lugar destacado en el museo del ejército ruso, en Moscú. Hace cuatro años, y a petición del Museo Naval, Ferrer-Dalmau pintó su versión personal de El último combate del Glorioso, navío que sucumbió ante una fuerza británica muy superior tras librar en solitario una sucesión de épicos combates. El cuadro fue presentado con todos los honores por el rey don Felipe VI, y desde entonces se convirtió en una de las obras más visitadas y admiradas del museo. 

2.    En vísperas de la inauguración del museo recientemente remodelado, el diario ABC advierte que se ha retirado el cuadro del Glorioso, sustituyéndolo por otro más antiguo de Cortellini, de menos impacto visual y donde el navío aparece vencedor en otro combate. También se averigua que, por decisión personal del almirante Garat, el Glorioso va destinado al despacho de un funcionario del ministerio de Defensa. Sobre todo eso, ABC publica un artículo tan documentado y serio como los que habitualmente firma su jefe de Cultura, Jesús Calero.

3.    Al conocer la noticia me pongo en contacto con Ferrer-Dalmau por si sabe algo de eso; y el pintor, sorprendido, responde que nadie le ha dicho ni consultado nada y que es la primera información que tiene. Tras lo cual, como amigo y colaborador del Museo Naval desde hace veinte años (tiempos del querido almirante Sisiño González-Aller, alma del museo y a quien todos parecen haber olvidado hoy), y como íntimo del pintor, que se encuentra abatido por la desconsideración con la que se ha hecho todo, expreso en Twitter mi protesta. Durante todo el día se multiplican los mensajes del público en tal sentido, hasta el extremo de que la ministra de Defensa, Margarita Robles, en un acto de delicadeza que la honra, telefonea amablemente a Augusto Ferrer-Dalmau para asegurarle que el cuadro no permanecerá oculto.

https://twitter.com/perezreverte/status/1316283921122955266

4. Al día siguiente, en conferencia de prensa, el almirante Garat rectifica lo de que el cuadro irá a un despacho, y dice ahora que será cedido alguna vez a exposiciones temporales. También justifica su decisión de retirarlo señalando que en la nueva orientación del museo se pretende minimizar la presencia de derrotas navales y mostrar más victorias, y afirma que en el cuadro de Ferrer-Dalmau el Glorioso aparece arriando la bandera (extremo falso, pues aparece combatiendo con ella izada en el palo de mesana) y que al comandante de ese navío «no le habría gustado verse recordado así».

5. Publico un artículo en XL Semanal, suplemento dominical de 22 diarios del grupo Vocento incluido ABC, titulado Los ingleses lo respetaron más, manifestado mi estupor e indignación ante la retirada del cuadro y el modo poco elegante en que se ha hecho, así como sobre las peregrinas y personalísimas razones esgrimidas por el almirante Garat. Ese artículo suscita la irritación del almirante, que escribe y difunde una primera carta reiterando las razones expuestas en la rueda de prensa.

https://www.xlsemanal.com/firmas/20201031/los-ingleses-lo-respetaron-mas-arturo-perez-reverte.html

6. The Times publica un artículo de su corresponsal narrando lo sucedido y resaltando que el valor de los marinos del Glorioso fue alabado por sus vencedores británicos, que escribieron: «Nunca unos hombres combatieron con tanto valor como a bordo de ese barco». Ese artículo, que circula por el ministerio de Defensa, el cuartel general de la Armada y el Museo Naval, lo reproduzco en mi cuenta de Twitter tomado del dosier de prensa del ministerio de Defensa. Todo eso indigna al almirante Garat, que escribe una segunda carta (casi tres folios) que intenta difundir por todos los medios a su alcance, en la que me acusa de haber suscitado la polémica, habla de pataleta por mi parte, insinúa que él representa a la Armada y que los ataques a sus decisiones atacan a ésta y al Museo Naval, y me aconseja paternalmente serenidad y madurez.

https://twitter.com/perezreverte/status/1325478922545491968


7. A esa segunda carta del almirante Garat respondo con una nota en Twitter donde, serena y maduramente como él me solicita, recuerdo el origen de la polémica y lamento la costumbre profesional del almirante, ahora sin mando efectivo y en la reserva, de dar órdenes sin que nadie se las discuta, escociéndose cuando la sociedad civil (el Museo Naval pertenece a ella) las cuestiona. Esa nota parece indignarlo todavía más, y durante varios días remueve el asunto, telefonea a periodistas, exige que recojan su versión de la polémica y escribe una tercera carta que intenta por todos los medios, aunque sin demasiado éxito, que sea recogida por los medios informativos.

8. Simultáneamente, Garat envía (supuestamente lo reenvía) al personal del Museo Naval un falso mensaje del pintor Augusto Ferrer-Dalmau en el que éste le manifestaría su «comprensión» y apoyo ante la retirada del cuadro del museo, dando a entender que el pintor está de su parte y todo surge de un empeño personal mío. Indignado, Ferrer-Dalmau me comenta su intención de emprender acciones legales contra quien le atribuye semejante mensaje. Otros amigos y yo lo disuadimos de ello, aconsejándole que no se enfangue y permanezca fuera de esta polémica, como hemos procurado que ocurra hasta ahora. Personalidades situadas muy por encima del almirante Garat nos expresan a Ferrer-Dalmau y a mí mismo su pesar por las desafortunadas iniciativas telefónicas de aquél.

9. El corresponsal del Times y otros medios me piden declaraciones sobre el asunto, y me niego a hacerlas. Garat sigue exigiendo que recojan las suyas. Al fin consigue que ABC le publique una tercera carta (o una cuarta, ya he perdido la cuenta) y unas declaraciones en las que, aparte de afirmar que el corresponsal de The Times en España es «un colaborador de Pérez-Reverte», sostiene que el Museo Naval ha conseguido al fin «un discurso equilibrado de éxitos y fracasos», y anuncia, tres semanas después de su intento frustrado de enviar el cuadro a un oscuro despacho, que el Glorioso irá al museo de San Fernando, en Cádiz.

https://twitter.com/perezreverte/status/1327515090678116359

Tales son los hechos, y ninguna pataleta almirantesca, ninguna carta abierta o cerrada, ninguna llamada telefónica intimidatoria a periodistas, ningún envolverse en la bandera de la Armada (ajena a las filias y las fobias personales de Garat), puede cambiarlos. La realidad simple es que quiso esconder un cuadro que no le gusta; y no consiguió hacerlo porque una parte de la opinión pública, a la que él no quiso consultar antes y no atendió después, se niega a aceptar su discutible, y por tanto discutida, decisión (como dicen los árabes, Dios ciega a quien quiere perder). Ahora, con el agua filtrándosele por el prensaestopas, se ve forzado a rectificar e intenta justificarlo enredando, desviando y manteniendo viva una polémica que a todos aburre ya; lo que, para un alto mando de la Armada que concluye así una brillante y ejemplar carrera, es muy triste. Paradójicamente, tan desproporcionada publicidad añade al cuadro una fama y una expectación que garantizan su éxito de visitas en cualquier museo al que sea destinado. Ésa es la parte positiva. En cuanto a Juan Rodríguez Garat, el almirante que dijo que el capitán Mesía de la Cerda, comandante del Glorioso, no querría verse recordado como lo pintó Ferrer-Dalmau, ha conseguido que ahora, y tal vez para siempre, se le recuerde a él como al almirante que quiso esconder el cuadro del Glorioso, y no pudo. 

https://twitter.com/perezreverte/status/1327515090678116359


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JUAN RODRÍGUEZ GARAT

El nuevo discurso del Museo Naval

«Tampoco hay prestidigitación en el nuevo discurso del Museo. No vendemos leyendas, ni rosas ni negras, ni pasadas ni presentes», afirma el director del Instituto de Historia y Cultura Naval

ABC Actualizado:13/11/2020



https://www.abc.es/cultura/abci-juan-rodriguez-garat-nuevo-discurso-museo-naval-202011130025_noticia.html

 

En el mes de octubre de 1702, una flota angloholandesa que volvía a sus bases después de fracasar en un intento de asalto a Cádiz, destruyó en la ría de Vigo una flota de Indias. Ocultarlo sería falsear la historia y, por eso, una lámina colgada en las paredes del Museo Naval da fe de lo ocurrido. Pero más falsearía la historia reducir a ese hecho puntual los dos siglos y medio en los que la Armada mantuvo abierta la carrera de Indias, burlando la vigilancia o abriéndose paso a sangre y fuego, año tras año, a pesar de la oposición de los mejores marinos franceses, británicos u holandeses. ¿Fácil? No lo parece: entre 1780 y 1781, la escuadra de Luis de Córdova capturó dos grandes convoyes militares británicos facilitando la independencia de los Estados Unidos. Más de los que los ingleses capturaron en toda la historia de la carrera.

«Entre 1780 y 1781, la escuadra de Luis de Córdova capturó dos grandes convoyes militares británicos facilitando la independencia de los Estados Unidos»


Otro mes de octubre, más de un siglo después, la flota británica derrotó a la franco-española en Trafalgar. Dos cuadros en nuestro Museo inmortalizan el momento. Para la propaganda de guerra del Reino Unido, entonces enfrentado a Napoleón, esa fue su «más alta ocasión que vieron los siglos». Para la Armada, un borrón en un currículum más que digno. Un borrón no atribuible a la conducta de las dotaciones, digna de encomio, sino a la inferioridad táctica de los buques de Gravina y, aún más, a la incapacidad de la nación, que entonces atravesaba una grave crisis, para poner a los buques en condiciones de combatir.

Por desgracia, son muchos los españoles que conocen una historia de la Armada escrita a medida de las necesidades de la propaganda de otros. Son muchos los que solo la recuerdan de borrón en borrón, y eso no solo falsea nuestro pasado, sino que lastra nuestro futuro. Por eso creemos importante que se escuche también nuestra voz.

«No es esa España inferior la que mostramos en el Museo Naval. Ni la Armada ni España son viejas, ni fueron incapaces, ni están vencidas»


No se trata solo de la defensa, sin duda legítima, del prestigio de la institución. No es solo el currículum de la Armada el que está en juego. Mucho más importante es el currículum de nuestra nación. Un currículum que, si en el exterior contribuye a dar o quitar peso a nuestras razones, dentro de nuestras fronteras tiene un papel aún más relevante: el de fortalecer el compromiso de los españoles con el permanente proyecto de futuro que es España. Quienes sabemos lo difícil que es comprometerse con el fracaso, no podemos contentarnos con esa España inferior, «vieja y tahúr, zaragatera y triste» que criticó Antonio Machado.

No es esa España inferior la que mostramos en el Museo Naval. Ni la Armada ni España son viejas, ni fueron incapaces, ni están vencidas. No fue casualidad, como algunos sostienen, el que nuestros marinos escribieran páginas importantes de la historia de la humanidad. Como es lógico, el Museo Naval recuerda y honra todas esas páginas, y más en tiempos en los que se cuestionan gestas y valores desde perspectivas extemporáneas. Pero no renunciamos a explicar al visitante que no ha llegado para la Armada el momento de vivir de las glorias pasadas. Que los caminos del mar, como en su día la carrera de Indias, siguen ofreciendo prosperidad a los españoles, y que la Armada sigue siendo garantía de su seguridad.

«No vendemos leyendas, ni rosas ni negras, ni pasadas ni presentes. Visítenos y encontrará en nuestras salas éxitos y fracasos, sin que nos sintamos obligados a pedir disculpas por los primeros ni buscar excusas innecesarias para justificar los segundos»


Tampoco hay prestidigitación en el nuevo discurso del Museo. No vendemos leyendas, ni rosas ni negras, ni pasadas ni presentes. Visítenos y encontrará en nuestras salas éxitos y fracasos, sin que nos sintamos obligados a pedir disculpas por los primeros ni buscar excusas innecesarias para justificar los segundos. Venga a vernos si desea revivir hazañas militares, navales o científicas, sabiendo que -por eso las llamamos hazañas- solo algunas terminaron bien. En ocho siglos de servicio a España no puede menos que haber victorias y derrotas, algunas heroicas y otras en verdad menos honrosas porque así, de luces y de sombras, están construidas las historias reales.

Si es polémica lo que busca, sepa que no hay lugar para ella en nuestro Museo donde, por encima de las diferentes interpretaciones que cada uno haga de la historia, prevalece, como mandan las Reales Ordenanzas, el respeto que merecen los héroes que forjaron la historia y todos aquellos que dieron su vida por España.

Sepa por último el visitante que tampoco es tristeza lo que le ofrecemos. España ganó y perdió un imperio, pero tiempo ha habido para superarlo. En pago de esa empresa de siglos, la historia nos ha dejado 600 millones de hispanohablantes. Nos ha dejado algunas lecciones que aprender e infinidad de ejemplos para encontrar un estímulo muy necesario. Nos ha dejado, sobre todo, algunas de las raíces que sostienen el frondoso árbol que es España, hoy sometido a vientos duros y racheados que amenazan la prosperidad que otros crearon para nosotros.

«Decía García de Cortázar que sería bueno que España caminara por el siglo XXI a hombros de la historia»


Decía García de Cortázar que sería bueno que España caminara por el siglo XXI a hombros de la historia. Lejos de toda polémica, el Museo Naval se honra en sugerir al visitante algunos de los hombros que, como los de Roger de Lauria, Juan Sebastián de Elcano o Álvaro de Bazán, con mayor derecho podrían contribuir a hacer realidad el sueño del historiador.

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https://es.wikipedia.org/wiki/Carrera_del_Glorioso

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El Glorioso entabla su último combate con el navío inglés Russell. Pintura de Carlos Parrilla Penagos.

"The capture of  the Glorioso", óleo del pintor británico Charles Brooking (1723-59). Pintado en 1747, se halla en el Museo Marítimo Nacional de Greenwich. En primer término aparece el barco español cañoneándose con el Russell. Al fondo, en llamas, el Darmouth. En segundo plano, tres fragatas inglesas.