CUENTECILLOS
LA escena en un cuarto de banderas.
Varios oficiales jóvenes están de broma, y se guasean de los viejos que se tifien el pelo, sin lijarse en la presencia del teniente coronel que se tiñe el bigote, seguramente, puesto que lo lleva negro como el azabache y tiene la cabeza toda blanca.
—Señores, dice el teniente coronel, les
advierto que si estas bromitas se refieren á mí, están ustedes equivocados. Las
canas de mi cabeza no son consecuencia de la edad, sino de un susto. Contaré á
ustedes el sucedido.
Estando yo de operaciones en la
Manigua, me aparté bastante de la columna, en un momento de descanso, con el
objeto de bañarme.
Acababa de meterme en una inmensa
laguna cuando se me presenta un tremendo cocodrilo.— Si llega á verme soy
perdido,—me dije; rápido como el pensamiento me metí debajo del agua, y allí
estuve cuanto tiempo me permitieron mis pulmones.
Al sacar las narices, vi que el
cocodrilo había desaparecido.
Me vestí y corrí á reunirme con la
columna.
La extrañeza de mis compañeros de armas
no tuvo límites cuando me vieron llegar.
Tenía todo el pelo de la cabeza blanco.
La cosa se explica fácilmente; al
meterme bajo el agua, inadvertidamente me dejé la coronilla fuera.
Por eso tengo el bigote negro, y blanca
la cabeza.
Así habló el teniente coronel; los oficiales
que le escuchaban quedaron, al parecer, convencidos.
Habían pasado algunos días después de
esta escena.
El batallón tenía que salir muy de
mañana á maniobras.
El referido jefe se presentó en el cuarto de banderas á la salida del sol.
— Mi teniente coronel, le dijo el
oficial de guardia; ¿ha encontrado usted algún cocodrilo por el camino?
—¿Por qué me pregunta usted eso?
—Porque lleva usted medio bigote
blanco.
En efecto, con las prisas de vestirse
para no caer en falta, el teniente coronel se descuidó de pintar su bigote.
MELITÓN GONZÁLEZ.
Publicado en el semanario ilustrado de
Barcelona LA
VELADA, número 33, Tomo II, Año II,
1893.


